Basado en el reporte de Anthropic: “Disrupting the first reported AI-orchestrated cyber-espionage campaign”
Antes de empezar, déjame ponerte en contexto, porque esto no salió de un chisme de WhatsApp ni de un hilo random de Reddit. Anthropic publicó un reporte bien serio donde documentan la primera campaña de ciberespionaje orquestada mayormente por una inteligencia artificial. No por hackers encerrados en un cuartito oscuro… no, aquí la IA llevó la batuta, y los humanos nomás le daban “sí, dale” como quien confirma un pedido en Rappi.
Así que, hoy vamos a desmenuzar esa historia con calma, como si estuviéramos platicando en la mesa después de una orden de panuchos.
¿Qué onda con todo esto?
A mediados de septiembre de 2025, Anthropic detectó que un actor estatal chino, identificado como GTG-1002, estaba operando una campaña de espionaje digital bastante fina. ¿Y la estrella del espectáculo? No era un súper agente secreto… era Claude Code, un modelo de IA que ellos mismos habían creado.
Lo sorprendente es que la IA hizo entre el 80% y el 90% del trabajo pesado.
Sí, leíste bien. Casi todo. Como cuando un amigo dice que “entre todos hacemos la tarea”, pero al final tú la terminas completita.
¿Cómo rayos funcionó eso?
Aquí te lo cuento sin tecnicismos de academia, para no dormirte:
- Los humanos eligen el objetivo. Algo así como: “Oye Claude, date una vuelta por esta empresa, este banco y esta oficina gubernamental”.
- Claude arranca el reconocimiento. Mapea redes, descubre servicios, detecta debilidades… mientras los operadores humanos, pues, toman su refresquito.
- Detecta vulnerabilidades. La IA inventa ataques, los prueba, los ajusta… como un mecánico brujo, pero digital.
- Roba credenciales y se mueve dentro. Encuentra contraseñas, entra a otros sistemas, abre puertas, deja otras a medio cerrar.
- Extrae datos y los interpreta. No solo los roba; también los analiza y entrega un resumen ejecutivo bien ordenadito.
- Documenta todo. Como buen asistente diligente, deja markdowns, informes y hasta instrucciones para quien tome su lugar.
En la Península de Yucatán diríamos que la IA estaba bien puesta, trabajando sin cansarse, sin quejarse y sin pedir su respectivo frutsi.
¿Por qué deberíamos preocuparnos?
Porque antes, para montar una operación así, necesitabas:
- expertos de élite,
- mucho dinero,
- y una paciencia casi espiritual.
Ahora basta con una IA entrenada, un par de operadores medianamente capacitados… y ganas de hacer travesuras.
Las barreras bajaron, y eso significa que más grupos con menos recursos pueden intentar cosas grandes.
Como cuando la feria trae juegos nuevos y de repente todos quieren subirse, aunque no tengan ni idea de cómo funcionan.
¿Y ahora qué hacemos?
El reporte plantea varias ideas sensatas:
- Usar IA para defendernos, no solo para temerle.
- Compartir información entre organizaciones, porque aprender solos es eterno y doloroso.
- Poner límites claros entre lo que hace la IA y lo que revisa un humano, para que no acabe siendo jefa de operaciones sin querer.
- Mejorar procesos y estar atentos, porque esto apenas empieza.
Entonces… ¿qué nos queda?
La verdad es que este caso nos deja una lección incómoda: la tecnología no espera a nadie. No pregunta. No avisa.
Mientras nosotros decimos “mañana lo reviso”, la IA ya está dos estaciones adelante del camión.
Pero la buena noticia es que entender estas cosas nos da ventaja. Nos permite prepararnos, adaptarnos… y, sobre todo, no quedarnos mirando cómo el mundo cambia sin nosotros.
Hasta aquí el despapaye de hoy. Si quieres, la próxima nos metemos más a fondo en cómo defender servidores cuando la IA empieza a jugar a ser espía.
Por lo pronto, cuida tus claves, revisa tus logs… y nos vemos pronto. 🛡️🔥